Sin embargo, la defensa de la soberanía también implica una enorme responsabilidad. Si el Gobierno federal rechaza acusaciones externas por considerarlas insuficientes, entonces está obligado a fortalecer sus propias instituciones de procuración de justicia para investigar cualquier señalamiento, sin importar quién resulte involucrado.
Porque la soberanía no puede convertirse en un escudo para evitar investigaciones. Tampoco puede utilizarse como argumento para cerrar los ojos frente a posibles actos de corrupción o vínculos con el crimen organizado. Defender la jurisdicción mexicana significa confiar en que las autoridades nacionales son capaces de investigar y castigar a quien sea necesario.
La reacción de Sheinbaum también confirma algo que sus adversarios políticos han intentado negar desde el inicio de su administración: no existe una ruptura con López Obrador. La presidenta no sólo reivindicó el legado del exmandatario, sino que reiteró que su gobierno es la continuidad del proyecto que inició en 2018.
Quienes apostaban por una distancia política entre ambos personajes probablemente seguirán esperando. Sheinbaum entiende que una parte importante de su legitimidad electoral proviene precisamente de la alta aprobación que conserva López Obrador entre amplios sectores de la población.
Por eso tampoco sorprende que la mandataria interprete las críticas recientes como una ofensiva dirigida contra el expresidente. Desde su perspectiva, atacar a López Obrador es una forma de debilitar al actual gobierno.
El verdadero desafío para la presidenta será demostrar que la soberanía que hoy defiende no es únicamente un discurso político, sino una práctica institucional. Porque México tiene derecho a exigir respeto a sus decisiones, pero también tiene la obligación de garantizar que esas decisiones se tomen con transparencia, legalidad e independencia.
En momentos de tensión internacional, la soberanía nacional suele convertirse en una bandera poderosa. El reto está en que no sea una bandera que sólo se despliegue cuando conviene políticamente, sino un principio que sirva para fortalecer el Estado de Derecho.
Al final, la mejor defensa de México no está en ignorar las acusaciones que llegan del exterior, sino en contar con instituciones tan fuertes que sean capaces de investigar, aclarar y resolver cualquier duda dentro de nuestras propias fronteras. Esa sería la verdadera demostración de soberanía.
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