Vivimos grandes cambios impulsados por la tecnología y por otros factores, como la inseguridad, que nos han empujado a prácticas de compras en línea, alimentos en línea, estudios en línea, etc., y que podrían forzarnos a dejar de extender el brazo y levantar el dedo índice para conseguir un taxi, para hacerlo solo con oprimir una tecla.
La sociedad hoy demanda un mejor servicio de transporte y claramente se muestra que no está conforme con lo que se tiene. La solución no es fácil, principalmente porque demanda el rompimiento de viejos esquemas y de un sistema anquilosado. Lo más fácil es encontrar el “cómo no” y dejar las cosas como están, pateando el bote hacia adelante, como para que el problema lo resuelvan los que vengan después; o buscar el “cómo sí” y ponerse a trabajar para resolver de raíz el problema.
El papel del Estado ya no puede ser el de repartir placas para ganar votos, sino el de actuar como un árbitro neutral que ponga orden. Urge una reforma que simplifique el sistema, garantice un piso parejo en el pago de impuestos para todos y que dé apoyos para el uso de herramientas tecnológicas al taxista tradicional para actualizarse.
El futuro ya nos alcanzó; modernizar el transporte con justicia laboral no es una opción técnica, es una obligación urgente para no dejar al Estado en el rezago y atrapado en un problema constante que le complica la vida a todos.
Y ya no puede justificarse señalando al pasado. El problema es hoy, es aquí y es ahora, y la solución debe corresponder al mismo momento.
Si el gobierno se aplica a resolver los problemas, no necesitará nunca llegar a la represión contra el pueblo bueno. De lo contrario, será una eterna batalla y los siempre perdedores serán “primero los pobres”. Porka Miseria.
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