Así que volví a caer en la tentación y tuve que soportar que Suecia le ganara a nuestro equipo nacional 3 a 0, y en el cuarto partido que fuera derrotado por Brasil con sendos goles de Neymar y Firminho.
En 2022 solamente me pude enterar de que en Qatar el equipo dirigido por un ineficiente, viejo y argentino Tata Martino empató con Polonia, perdió ante la Argentina de Messi y le ganó a Arabia Saudita, con lo que quedó eliminado. Qué pena.
Bueno, en los mundiales me tocó ver la magia quebradiza de Pelé en 1970 en México y la inmarcesible actuación de Maradona en 1986. También me indigné cuando el equipo de Argentina ganó el Mundial de 1978 en casa y sin querer apoyó a la dictadura gorilesca encabezada por el coronel asesino Jorge Videla que justamente terminó sus días encarcelado.
Ah, y en 1974 fui testigo de la trasformación total de Juego del Hombre gracias al genio de Rinus Michels -nominado por la FIFA como el mejor director técnico del siglo XX- y al talento de los jugadores de la selección de Países Bajos, encabezados por la leyenda Johan Cruyff. La Naranja Mecánica impuso el futbol total y acabó con el jogo bonito de los brasileños, con el catenaccio italiano y con la gambeta argentina.
Pero estrategias aparte, el mejor de todos los jugadores del planeta y de la historia ha sido Leonel Messi, a quien pudimos ver en estos días haciendo la hombrada de jugar a sus 39 años como si fuera un chamaco de 20. No ganó la final y por eso no tuvo la gloria de las celebraciones en su país y en el mundo, pero con su digna participación puso la cereza a una carrera en la que ganó todo lo que quiso y jugó como nadie.
Messi también cambió el futbol, porque todas las estrellas actuales y futuras lo toman como modelo y quieren ser como él.
En verdad que hay que celebrar con el gran argentino hecho en Barcelona su carrera y la emoción que causó en todos los que lo pudimos ver jugar.
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