Y ya que de comodidad hablamos, una manera de destrozar el sentimiento de plenitud es generar falsas notas (fake news) que se encaminan a convencer al público de que es malo permanecer en una situación apacible y de bonanza.
Los propagandistas disfrazados de psicólogos insisten mucho en que cada cual debe estar atento siempre para no caer en la zona de confort (ZdeC), y lo dicen tanto que se ha vuelto un lugar común que te digan que debes salirte de tu ZdeC y que de no hacerlo terminarás convertido en un ser improductivo, limitado, detenido en la anacronía.
Si se piensa bien, resulta inaudito pensar que estar confortable afecta las capacidades creativas del ser humano. ¿Piensan los enemigos de la ZdeC que para escribir un buen poema hay que estar sentado en un banco desvencijado, con un
clavo salido que se inmiscuya en las posaderas, o que para redactar un texto con algún valor es necesario estar en un ambiente ruidoso, distrayente y molesto?
La intención oscura de la campaña en contra de la ZdeC es generar ejércitos de mujeres y hombres que no se sienten satisfechos y cada vez más ambicionan tener objetos de lujo en todos los sentidos, que son la mejor muestra de que lo suntuoso no sirve para nada, más que para inflar la vanidad superflua de quienes se consideran ricos.
Lo cierto es que permanecer en la ZdeC permite la grata sensación de estar a gusto para tomar las mejores decisiones con respecto a nuestra forma de vida. Estar bien y cómodo no puede ser malo, y nunca ataca a nuestras mejores capacidades… al contrario.
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